Agencias para no dormir (versión creativos)

Soy de las que piensan que para trabajar en publicidad hay que estar hecho de una pasta especial. No sé si es pasta fresca, si lleva tomate, si está recalentada o quizá está elaborada a partir de trigo sarraceno cultivado en un monte recóndito por monjas ciegas, ni idea. Pero de que es una pasta particular, de eso, no tengo duda. Y ya no solo por lo tarados que estamos la mayoría de los creativos (nivel: nos caímos de la cuna de bebés) si no por lo que muchas veces tenemos que aguantar en nuestro día a día. Y no, no voy a meterme con los clientes, hoy voy a meterme con las agencias (me va el riesgo).

Currar en una gran agencia de publi es genial, pero también puede ser un infierno. Y con mucha frecuencia es las dos cosas. Porque hay demasiadas situaciones que se aceptan como normales y que tienen de normales lo que yo de superheroína de cómic… Ni la capa vamos.

¡Lágrima va!

Que levante la mano quien haya trabajado en una agencia y no haya terminado llorando alguna vez… ¿No? ¿Nadie?

Ya, bueno… la presión, los nervios, las formas de muchos de los jefes y de los jefes de los jefes sacan lo peor de esta profesión. Porque hay quien cree que estamos salvando vidas operando a corazón abierto cuando lo que realmente estamos haciendo es una puta campaña de publicidad que si sale un día más tarde no morirá nadie. Pero ¿qué sabré yo?

La primera vez que lloré en una agencia llevaba 10 días trabajando en ella y mi directora creativa me chilló delante de todo el equipo (unas 50 personas), vamos chilló tanto que pese a estar en Barcelona creo que la oyeron hasta en Estambul. Recuerdo que aguanté, contesté (no me quedo muda ni loca) y cuando la señora se calmó, me fui al baño. Y lloré. Lloré como una cría.

Molaría poder decir que esa fue la única vez, que estamos delante de un caso aislado que no se volvió a repetir, pero por molar, también molaría nacer con un Ferrari debajo del brazo en vez de una triste barra de pan y no es así, ¿no? Pues eso.

Lo jodido de todo esto es que terminé por normalizar estas situaciones y mis compañeros también. Gritos, libretas voladoras, golpes encima de la mesa, malas palabras, malos modales, zero respeto, menos humanidad y… Lágrimas. Muchas lágrimas.

Destino paraíso

Una vez leí que cada director creativo tiene el equipo que se merece y vaya si es verdad. Porque a veces para hacer daño no hace falta que vuele una libreta directa hacia tí, sirve con que crees rivalidades entre empleados hasta tal nivel que no sean capaces de confiar en los demás para poder trabajar en equipo, para que se guarden sus ideas con recelo y para que compitan malsanamente entre ellos.

En cualquier otra profesión se entendería fácilmente que cinco cabezas de perfiles distintos piensan mejor que dos; en publicidad una dupla es una isla (aunque cada vez menos). Y si encima los directores creativos son de la vieja escuela… mal vamos.

Welcome to Ego Island: ponte el bikini y disfruta de los puñales por la espalda.

Loca del coño, ¿yo?

Actualmente me daría menos miedo firmar una hipoteca a 40 años que un contrato en una agencia. Porque la primera igual me jode la vida, pero es que la segunda seguro que me deja sin ella.

Cuando empecé, ingenua de mí, recuerdo haber preguntado el horario (¡qué mona yo!). Lo pregunté tres veces y nunca obtuve respuesta (sigo sin tenerla).

Cuando me fui de esa monstruoagencia, casi dos años después habiendo currado hasta las tantas, fines de semana y festivos, me lo tiraron en cara:

Dra Creativa (con “a”, sí):  “Es que recuerdo que nada más empezar me preguntaste 3 veces por el horario y claro, en publicidad nunca llegarás a ninguna parte si tus prioridades son esas”. 

Dormir, comer, tener amigos, una pareja, disfrutar de mi vida, que no se me mueran las plantas porque hace un mes que no paso por casa… esas son mis prioridades. Será que estoy loca del coño y no me he dado cuenta o quizás es que algo no anda bien en el mundo creativo. ¡A saber!

No babies allowed

Ahora hablemos de “Procrear siendo mujer y creativa: la conciliación familiar en publicidad”. Bueno, mejor no, porque me ha entrado tal ataque de risa (y de mala leche) que no puedo seguir escribiendo.

Así que seré breve, escoge: ¿útero lleno o carrera? Tic, tac, tic, tac, tic, tac.

Volvamos al plural

¿Y por qué leches os contamos todo esto? En plural, sí. Porque aunque hoy escribe la parte creativa de LNA, la parte estratégica también tiene sus historietas para no dormir, igual que la mayoría de copys, artes, cuentas, planners, etc. Así que: ¿Por qué leches os contamos todo esto?

Pues porque somos un poco haters (de la vida y de la publi), porque renegamos de las agencias en la misma medida en la que nos encanta nuestro curro, porque no tenemos nada que esconder y porque cuando montamos nuestro chiringo y decidimos ponerle de nombre La No Agencia, lo hicimos por algo. Así que después de leer esto, que cada uno saque sus propias conclusiones… Porque nosotras lo tenemos claro 🙂

Continuará…

*Ningún publicitario ha sido lastimado en la creación de este artículo (lo fuimos antes).

*LNA se hace responsable de las opiniones de sus creadoras. Tenemos una filosofía y la defendemos.

*Historias basadas en hechos reales. Si no has vivido nada similar: ¡Enhorabuena, eres un creativo con suerte!

*Sabemos que hay mujeres madres y creativas en agencias grandes. Seguramente ellas serán las primeras en hablar de la no-conciliación. 

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Andrea XandriAgencias para no dormir (versión creativos)